Palabras con b o con v que ignoraron la etimología

Palabras con b o con v que ignoraron la etimología

Todos hemos dudado alguna vez con las palabras con B o con V. En la mayoría de los casos, se escriben con una u otra según su etimología, su origen. Por ejemplo, la hembra del toro es vaca, con V, porque procede del latín vacca; pero el portaequipajes o baca se escribe con B porque viene del francés bâche. No obstante, hay algunas palabras a las que les intercambiamos la B y la V, ignorando la etimología. ¿Te sabes alguna? ¡Correctora al rescate!

Cómo se establecen las grafías

Lo más común es que las palabras con B o con V sigan la misma grafía que la palabra de la que proceden: vacca-vaca, vitavida, bufobúho, bouteillebotella. Sin embargo, y sobre todo en palabras que vienen del latín, hubo otros criterios que se impusieron a la etimología.

En primer lugar, la analogía con otras palabras semánticamente relacionadas. Los hablantes empezaron a intercambiar la B y la V en algunas palabras porque así se parecían más a otras con las que las relacionaban. Es lo que pasó, por ejemplo, con la palabra arribista (del francés arriviste, ‘persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos’), que empezó a escribirse con B por analogía con arribar y arriba.

En segundo lugar, la pervivencia de grafías medievales. En latín y en el español primitivo, la B y la V representaban sonidos distintos. Por eso, en algunas palabras se cambió una letra por otra según cómo se pronunciaba. Ahora, aunque ya no existe esa distinción de sonido, ya ha arraigado la grafía antietimológica.

La etimología contra el uso

Por estos motivos, en el español actual hay algunas palabras con B que proceden de palabras con V, y viceversa; su grafía choca con la etimología. Estos son algunos ejemplos de palabras procedentes del latín a las que les hemos intercambiado las letras.

Palabras con B que proceden de otras con V

Abogado (de advocātus).

Abuelo (de avolus).

Barbecho (de vervactum).

Barrer y basura (ambas de verrĕre ‘barrer’).

Bermejo (de vermicŭlus ‘gusanillo’, ‘quermes’, por emplearse para producir este color).

Berrear y berrinche (de verres ‘verraco’).

Berza (de virdia ‘verduras’, plural neutro de verdis, y este del latín virĭdis ‘verde’).

Besana y rebosar (de (re)versāre ‘volver’).

Birria (de *verrea ‘terquedad, capricho’, ‘cosa despreciable’, derivado del latín verres ‘verraco’).

Bizco (de versus ‘vuelto’).

Bochorno (de vulturnus ‘viento del este’).

Boda (de vota, ‘votos, promesas’).

Bóveda (quizá del latín *volvĭta, de volvĕre ‘volver’).

Brinco (de vincŭlum ‘atadura’).

Buitre (de vultur).

Bulto (de vultus ‘rostro’).

Palabras con V que proceden de otras con B

Ávila (de Abŭla, de ahí lo de abulense).

Atrever (de tribuĕre ‘atribuir’).

Avanzar (de abantiāre).

Malvavisco (de malva ‘malva’ e hibiscum ‘malvavisco’).

Maravilla (de mirabilia, ‘cosas admirables’).

Móvil (de mobĭlis).

Olvidar (de *oblitāre, y este derivado del latín oblītus, participio de oblivisci).

Ovillo (de globellus, diminutivo de globus ‘bola’).

Tolva (de tubŭla ‘trompetilla’).

Vástago (de bastum ‘palo’).

Viga (de biga ‘carro de dos caballos).

Otros casos antietimológicos

Seguro que, igual que alguna vez has dudado con las palabras con B y con V, lo has hecho con la G y la J. O puede que con la C, la Q y la K. En español, hay varias letras que, en ciertos casos, suenan igual. Y en todos ellos tenemos casos de grafías antietimológicas, que serán protagonistas de futuros artículos.

Los extranjerismos que se camuflan en el español

Extranjerismos que se esconden en español

Pizza debería ir en cursiva, según la Real Academia Española (RAE). Y pub y whisky. Los extranjerismos son aquellas palabras que tomamos prestadas de otro idioma. Si no las adaptamos al español, debemos marcarlas de alguna manera para que el lector sepa que no se pronuncia tal y como se escribe. Pero hay algunos extranjerismos que ya usamos tanto que parecen palabras españolas. Vamos a desenmascararlos, ¡correctora al rescate!

El español es una de las pocas lenguas en las que cada letra representa (casi) siempre el mismo sonido. Una c y una a juntas siempre se leen [ka] y una t y una o siempre se leen [to]. Prácticamente, podemos decir que una palabra en español se pronuncia tal y como se escribe.

Por eso, cuando usamos extranjerismos, avisamos al lector de que esa norma no se cumple en ese caso poniendo la palabra en cursiva o entre comillas. Pero hay algunos que estamos tan acostumbrados a ver que se nos olvida que, en realidad, no se leen tal y como se escriben. En ese caso, no son palabras adaptadas al español.

Basándonos en el Diccionario de la lengua española, que marca en cursiva aquellas palabras que la RAE considera extranjerismos no adaptados, aquí van algunas de esas palabras que deberían marcarse en cursiva o entre comillas. Aunque las usemos tanto que nos suene extraño.

Extranjerismos del inglés

Palabras que no se pronuncian como se leen

Es el caso de palabras tan comunes como pub, heavy, hall o show. Estamos tan acostumbrados a verlas que las pronunciamos como se hace en inglés. Pero en español escribimos como leemos… Deberíamos escribirlas «pab», «jevi», «jol» o «sou» para que nos encajaran (más o menos).

Grafías impropias del español

Algunas secuencias de consonantes y vocales que son ajenas a nuestra ortografía. Las palabras extranjeras que las tienen necesitan adaptarse a nuestro sistema para no tener que marcarlas en cursiva o comillas.

  • -ing: Camping, casting, ranking, marketingEl sufijo -ing es impropio del español y solo se encuentra en palabras que hemos tomado de otros idiomas.
    Al pronunciar estas palabras siempre nos «comemos» el sonido de la g final. Por eso, según la RAE, cursivas para todos ellos.
  • -y antes de consonante: Las palabras acabadas en y son comunes en español (rey, yodo, yogur), pero solo cuando la y va antes de vocal. Por eso, las palabras como hobby, sexy, body o whisky son extranjerismos sin adaptar. Por ejemplo, la adaptación de sexy es sexi (ya no haría falta destacarla en cursiva), y la de whisky es la curiosa (fea) güisqui.
  • -sh-: Es el caso de palabras como flash o show.
  • -ck-: Crack o hacker también se leen como se escriben, pero su grafía no se adapta a las normas del español, que no incluyen el grupo -ck-. De hecho, solo pronunciamos una de las dos letras, que representan el mismo sonido en español.
  • Dobles consonantes que no tengan reflejo en la pronunciación: Como la doble b de hobby, la doble z de jazz o la doble s de miss.
  • «s líquida»: Muy común en inglés pero impropia del español. Se ve en palabras como spa o spray. Son fáciles de adaptar, con ponerle una e antes es suficiente. Pero, si se utiliza la palabra sin la e, debe marcarse como extranjerismo.
En Xataka no han marcado flash, pero tampoco smartphones, que «canta» un poco que no es palabra española.
Un ejemplo de El País donde ni heavy ni rock llevan marca de extranjerismo.

Extranjerismos del francés

El francés nos ha dado muchas palabras en español. Al igual que en el caso del inglés, algunas las tenemos tan asimiladas que las pronunciamos como en su idioma de origen, pero no tal y como se leen. Es el caso de ballet [balét], boutique [butíc], collage [kolás], mousse [mus], souvenir [subenír] o tour [tur]. (Uso los corchetes para mostrar cómo se pronunciarían según los fonemas que recomienda la RAE).

Extranjerismos del italiano

Ninguna otra palabra podría cerrar este artículo sino nuestra amada pizza. Sí, por raro que parezca, la RAE nos dice que pizza debe marcarse como extranjerismo. De hecho, no la pronunciamos como se escribe (aunque hay quien diga «piza»). Pero además es que la doble z no es propia del español (como en mozarella o paparazzi).

Correctora, pongamos «picsa»

¿Es cuestión de tiempo que empecemos a escribir «picsa», «jevi» y «butic» para ahorrarnos la marca de extranjerismo? ¿O «pasamos» de la RAE y las escribimos como nos resulte más familiar? Sea cual sea la respuesta, la figura del corrector seguirá velando por que el lector reciba un texto entendible y bien redactado. Todo sea por nuestro amado lenguaje.

¿Por qué no «inflacción» y «deflacción»?


Si ya eres todo un experto en ortografía, tienes claro que las palabras «inflacción» y «deflacción» no son correctas. Y, si aún no estás muy convencido, preguntamos a la Real Academia Española (RAE) por qué se dice inflación y deflación, que parecen sonar menos bonitas. ¡Correctora al rescate!

En el mundillo económico la inflación y la deflación son ya parte del equipo de periodistas. Están hasta en la sopa, siempre con sus porcentajes y diciéndonos si hemos pagado más o menos este mes.

«Inflacción» pero no «inflactor»

En la Ortografía de la Lengua Española (OLE), se explica que las palabras terminadas en el sufijo -ción (como inflación y deflación) se escriben con doble c, -cc-, cuando en su familia léxica tienen alguna palabra con el grupo -ct-. Es el caso, por ejemplo, de acción, que en su familia léxica tiene acto. O de infección, que tiene infectado o infectar.

Partiendo de aquí, vemos qué pasa con «inflacción» e inflación. Dentro de su familia léxica tenemos palabras como inflacionario o hiperinflación, pero no «inflactor», que tendría ese grupo -ct-. Por ello, inflación se escribe con una sola «c», como discreción o evaluación.

«Deflacción» y «deflactor»

Vale, no es «inflacción», sino inflación. Pero ¿qué pasa con «deflacción»? Porque, a diferencia del caso anterior, sí que existen palabras en su familia léxica con el grupo -ct-: deflactor (‘coeficiente utilizado para la operación de deflactar’) y deflactar (‘transformar valores monetarios nominales en otros expresados en monedas de poder adquisitivo constante’).

Llegados a este punto en el que parece que «deflacción» va a ganar la partida, preguntamos a la RAE para saber qué está pasando. Y la respuesta está en el origen de la palabra. Según explica la RAE, la norma del grupo -ct- no se aplica con aquellas palabras acabadas en -ción que han llegado al español recientemente a través de otras lenguas, como el inglés o el francés. Y ese es el caso de deflación, pero no de inflación, que viene del latín inflatio.

Deflación viene del francés déflation, y esta a su vez del inglés deflation. La RAE explica que el verbo deflactar surgió a partir del inglés deflate con una «c» antietimológica surgida, seguramente, por la analogía con otros verbos que sí tienen el grupo -ct-. En resumen, podemos decir que es una excepción a la norma por su origen.

Si tenéis curiosidad por saber por qué le añadimos una «c»extra sin necesidad a estas palabras, os recomiendo este genial artículo de Sin Faltas en el que hablan de la ultracorrección.

Pocos y escondidos ejemplos

En general, parece que los medios tienen claro que tanto inflación como deflación se escriben con una sola «c». Hay que buscar e indagar bastante para pillarles este fallo, pero alguno que otro no lo ha podido ocultar.

Ejemplo de eldiario.es en el que se ha colado inflacción en las etiquetas del artículo.
En este artículo de eldiario.es se les coló
«inflacción». Aunque se arregló en el texto, se les olvidó cambiar las etiquetas.
Titular de El Periódico de Aragón con inflacción en lugar de inflación.
Otro ejemplo, en El Periódico de Aragón. Esta vez en el mismo titular.
Análisis de mercado del bróker XTB en el que en el titular y la sección hablan de inflacción.
XTB es un bróker que suele escribir comentarios de mercado. En el cuerpo del texto hablan de inflación, pero en el titular y la sección se les ha colado la -cc-.

Excepciones y despistes

¿Ya sabíais por qué no es correcto decir «inflacción» y «deflacción»? Es curioso cómo las nuevas palabras procedentes de otras lenguas «se libran» de las normas ortográficas. Y es curioso también ver los despistes de algunos medios que, cuando se dan cuenta del error, lo corrigen a medias.