Lenguas que nos dieron solo una palabra en español (I)


Todas las lenguas del mundo se enriquecen con términos de otras, conocidos como extranjerismos. Si buscamos una palabra en el diccionario, es muy probable que aparezca que procede de otra en inglés, francés, griego, italiano, noruego… Y hay algunas lenguas de las que el español solo incorporó una palabra. ¿Te sabes alguna? ¡Correctora al rescate!

Para iniciar la búsqueda de estas lenguas, tomamos como referencia el Diccionario de lengua española o DLE. Eso significa que es posible que haya más términos de estas lenguas en otros diccionarios, más especializados. Para este artículo, si no está en el DLE haremos como que no existe en español (solo por hoy).

Una palabra, una lengua

En esta primera parte de estos artículos, hablaremos de (quizá) las palabras más conocidas de esta selección.

1. Zigurat, del acadio

El acadio fue una lengua semítica, hoy extinta, que se hablaba en la antigua Mesopotamia durante el II milenio a. C. Su nombre deriva de la ciudad de Acad. De esta lengua solo tenemos en español el término zigurat (del acadio ziggurat ‘torre’).

Imagen de un zigurat en Irak. La palabra zigurat es la única que nos dejó en español el acadio.
Zigurat en Irak.

2. Taekwondo, del coreano

Del coreano solo nos quedamos con una palabra para designar el arte marcial del taekwondo. Procede del koreano tae kwon do, ‘arte de lucha con manos y pies’.

3. Esperanto, del esperanto

En 1887, L. L. Zamenhof publicó el primer libro sobre su propio idioma, inventado sobre la base de lenguas románicas, germánicas y eslavas. Su idea era convertirlo en una lengua universal, que fuera fácil de aprender para poder comunicarse de manera internacional. Esa fue el objetivo real del esperanto (que no triunfó especialmente), del que solo nos apropiamos de una palabra: su nombre, el seudónimo de su creador.

4. Iglú, del esquimal

La única palabra de origen esquimal del DLE tenía que ser, por supuesto, iglú.

Imagen de un iglú en el lago Shikaribetsu, en Japón. Es el único término que nos dieron las lenguas esquimales.
Lago Shikaribetsu, en Japón.

5. Ensaimada, del mallorquín

Qué mejor palabra para coger de otro idioma que el nombre de un delicioso dulce. Ensaimada procede del mallorquín ensaïmada, una derivación de saïm ‘saín’. Y es el único término en el DLE de esta variedad del catalán.

6. Dalái lama, del mongol

La única palabra procedente del mongol en el diccionario es el término que designa al dirigente supremo espiritual y político del Tíbet. Procede del mongol dalai ‘océano’ y del tibetano blama ‘lama, alga u ova de los lamedales o charcales’.

7. Narval, del danés

El narval es un cetáceo de unos seis mestros de largo, y su nombre es la única palabra que el español ha cogido del danés. En concreto, narval viene del danés narhval.

8. Kéfir, caucásico

El nombre de esta leche fermentada es el único término caucásico recogido en el diccionario.

¿Un cóctel de kéfir y kiwi?

Lenguas de pocas palabras

Tras esta pequeña lista, terminamos este artículo sobre algunas lenguas de las que solo cogimos una palabra en español. ¿Os sabíais alguna? ¿Cuál os ha gustado más? Pronto volveremos con algunas lenguas más, quizá menos conocidas, que solo nos dieron un término recogido en el DLE. Continuará…

Los extranjerismos que se camuflan en el español

Extranjerismos que se esconden en español

Pizza debería ir en cursiva, según la Real Academia Española (RAE). Y pub y whisky. Los extranjerismos son aquellas palabras que tomamos prestadas de otro idioma. Si no las adaptamos al español, debemos marcarlas de alguna manera para que el lector sepa que no se pronuncia tal y como se escribe. Pero hay algunos extranjerismos que ya usamos tanto que parecen palabras españolas. Vamos a desenmascararlos, ¡correctora al rescate!

El español es una de las pocas lenguas en las que cada letra representa (casi) siempre el mismo sonido. Una c y una a juntas siempre se leen [ka] y una t y una o siempre se leen [to]. Prácticamente, podemos decir que una palabra en español se pronuncia tal y como se escribe.

Por eso, cuando usamos extranjerismos, avisamos al lector de que esa norma no se cumple en ese caso poniendo la palabra en cursiva o entre comillas. Pero hay algunos que estamos tan acostumbrados a ver que se nos olvida que, en realidad, no se leen tal y como se escriben. En ese caso, no son palabras adaptadas al español.

Basándonos en el Diccionario de la lengua española, que marca en cursiva aquellas palabras que la RAE considera extranjerismos no adaptados, aquí van algunas de esas palabras que deberían marcarse en cursiva o entre comillas. Aunque las usemos tanto que nos suene extraño.

Extranjerismos del inglés

Palabras que no se pronuncian como se leen

Es el caso de palabras tan comunes como pub, heavy, hall o show. Estamos tan acostumbrados a verlas que las pronunciamos como se hace en inglés. Pero en español escribimos como leemos… Deberíamos escribirlas «pab», «jevi», «jol» o «sou» para que nos encajaran (más o menos).

Grafías impropias del español

Algunas secuencias de consonantes y vocales que son ajenas a nuestra ortografía. Las palabras extranjeras que las tienen necesitan adaptarse a nuestro sistema para no tener que marcarlas en cursiva o comillas.

  • -ing: Camping, casting, ranking, marketingEl sufijo -ing es impropio del español y solo se encuentra en palabras que hemos tomado de otros idiomas.
    Al pronunciar estas palabras siempre nos «comemos» el sonido de la g final. Por eso, según la RAE, cursivas para todos ellos.
  • -y antes de consonante: Las palabras acabadas en y son comunes en español (rey, yodo, yogur), pero solo cuando la y va antes de vocal. Por eso, las palabras como hobby, sexy, body o whisky son extranjerismos sin adaptar. Por ejemplo, la adaptación de sexy es sexi (ya no haría falta destacarla en cursiva), y la de whisky es la curiosa (fea) güisqui.
  • -sh-: Es el caso de palabras como flash o show.
  • -ck-: Crack o hacker también se leen como se escriben, pero su grafía no se adapta a las normas del español, que no incluyen el grupo -ck-. De hecho, solo pronunciamos una de las dos letras, que representan el mismo sonido en español.
  • Dobles consonantes que no tengan reflejo en la pronunciación: Como la doble b de hobby, la doble z de jazz o la doble s de miss.
  • «s líquida»: Muy común en inglés pero impropia del español. Se ve en palabras como spa o spray. Son fáciles de adaptar, con ponerle una e antes es suficiente. Pero, si se utiliza la palabra sin la e, debe marcarse como extranjerismo.
En Xataka no han marcado flash, pero tampoco smartphones, que «canta» un poco que no es palabra española.
Un ejemplo de El País donde ni heavy ni rock llevan marca de extranjerismo.

Extranjerismos del francés

El francés nos ha dado muchas palabras en español. Al igual que en el caso del inglés, algunas las tenemos tan asimiladas que las pronunciamos como en su idioma de origen, pero no tal y como se leen. Es el caso de ballet [balét], boutique [butíc], collage [kolás], mousse [mus], souvenir [subenír] o tour [tur]. (Uso los corchetes para mostrar cómo se pronunciarían según los fonemas que recomienda la RAE).

Extranjerismos del italiano

Ninguna otra palabra podría cerrar este artículo sino nuestra amada pizza. Sí, por raro que parezca, la RAE nos dice que pizza debe marcarse como extranjerismo. De hecho, no la pronunciamos como se escribe (aunque hay quien diga «piza»). Pero además es que la doble z no es propia del español (como en mozarella o paparazzi).

Correctora, pongamos «picsa»

¿Es cuestión de tiempo que empecemos a escribir «picsa», «jevi» y «butic» para ahorrarnos la marca de extranjerismo? ¿O «pasamos» de la RAE y las escribimos como nos resulte más familiar? Sea cual sea la respuesta, la figura del corrector seguirá velando por que el lector reciba un texto entendible y bien redactado. Todo sea por nuestro amado lenguaje.

Seis palabras que unen el noruego y el español

Fiordo es una palabra del noruego que el español la ha incorporado

Todas las lenguas se enriquecen a lo largo de su historia adoptando palabras de otros idiomas. Hoy veremos cuáles vienen del noruego y el español se ha quedado para él. ¿Nos vamos de viaje por Noruega y sus bonitas palabras?

Son pocas palabras las que tenemos en español que proceden de otras en noruego, y algunas es posible que ni siquiera te suenen. ¡Tanto mejor! Las aprendemos juntos. Pueden ser un buen tema de conversación para romper el hielo: «Oye, guapo, ¿a que no sabes que la palabra esquí no viene del inglés, sino del noruego?».

Fiordo

Por supuesto, este artículo tenía que empezar con uno de los términos por los que más conocemos al país nórdico. La palabra fiordo procede de la noruega fjord. Según el Diccionario de la lengua española (DLE), significa ‘golfo estrecho y profundo, entre montañas de laderas abruptas, formado por los glaciares durante el periodo cuaternario’. Cogimos prestada una palabra noruega para poder dar nombre a esos bellos paisajes tan representativos del país. Quién tuviera dinero para irse de crucero por los fiordos noruegos…

Esquí

La palabra esquí, tanto el patín como el deporte, proceden en español de la palabra francesa ski que, al mismo tiempo, viene del noruego ski. En español, como ya comentamos en un artículo anterior sobre extranjerismos, para adaptar plenamente una palabra extranjera tenemos que ajustarla a nuestra ortografía y nuestro sistema fonológico, ortográfico y morfológico. Por eso, a esquí le incorporamos una e, ya que las palabras que comienzan por «s líquida» no son propias del español (como en ski, spray o spaguetti). Por último, se adaptó el sonido /k/ a qu en lugar de mantener la letra k original. En las palabras extranjeras de más reciente incorporación ya se prefiere mantener la letra k si la tenían en origen. Parece que antes la k no tenía muchos fans (o fanes, en español) y ahora ya la van aceptando.

Eslalon

Seguimos con el esquí. Eslalon significa ‘competición de esquí alpino sobre un trazado descendente en zigzag con pasos obligados’. Nuestra palabra procede del inglés slalom, y esta del noruego slalåm. Es lo que tiene Noruega, que tienen que sacarle partido a la nieve de alguna forma.

Kril

Un ejemplo de palabra en la que ya se prefirió conservar la letra k original en lugar de adaptarla a qu. Significa ‘banco de crustáceos planctónicos semejantes al camarón, que constituye el alimento principal de las ballenas’. Procede del inglés krill, y este a su vez del noruego krill, que literalmente significa ‘alevín, pez pequeño’. De momento, todas palabras muy en la línea de lo que se nos viene a la mente al pensar en países nórdicos: fiordos, ballenas y deportes de invierno.

Rorcual

Más ballenas. Rorcual es una ‘especie de ballena con aleta dorsal, común en los mares de España, que alcanza una longitud hasta de 24 m y tiene la piel de la garganta y del pecho surcada a lo largo formando pliegues’. Curiosamente, cogimos la palabra para denominar un mamífero típico de nuestros mares del francés rorqual, y este del noruego røyrkval, literalmente ‘ballena’.

Trol

Y al pensar en Noruega no podían faltar palabras relacionadas con la famosa mitología escandinava. Nuestra palabra trol procede del noruego troll, que literalmente significa ‘ser sobrenatural’. En el DLE se define como ‘monstruo maligno que habita en bosques o grutas’. En los últimos años, el término trol ha adquirido el significado de ‘persona que molesta e insulta’, sobre todo en foros de Internet, aunque de momento no es una definición incluida en el diccionario (pero no por ello no se puede usar con ese significado).

Y tres más de regalo

Según los servicios que ofrece Enclave RAE, la plataforma de la Real Academia Española (RAE) de servicios lingüísticos (si os pica la curiosidad, leed este artículo tan interesante que explica lo que es), el noruego y el español tienen tres palabras más en común (bueno, una y dos elementos compositivos):

  • Gunneráceo,a. Es un término botánico que designa a una especie concreta de hierbas perennes. Su nombre procede del latín científico Gunneraceus, y este de Gunnera, nombre de un género de plantas, por J. E. Gunnerus, 1718-1773, botánico noruego, y el latín –aceus ‘-áceo’.
  • Atto-. Es un elemento compositivo que significa ‘una trillonésima (10-18) parte’ de algo. Procede del noruego y el danés atten, que significa ‘dieciocho’.
  • Femto-. Otro elemento compositivo, ‘una milbillonésima parte’ (10-15) de algo. Procede del noruego y danés femten, que significa ‘quince’.

Noruego y español: alianzas entre idiomas

Es fácil que se nos ocurran palabras que ya utilizamos en español y que proceden del inglés (airbag, bar, cóctel, wifi…), por ejemplo, pero no es tan fácil saber que hay palabras bastante comunes que debemos a otras lenguas. El noruego es uno de los idiomas que menos vocabulario nos ha aportado, pero hay decenas de lenguajes de los que hemos cogido un puñado de palabras: el polaco, el búlgaro, el sueco o el tibetano. ¡Incluso tenemos una palabra del esquimal: iglú!

¿Conocías todas estas palabras? De tanto hablar del noruego y el español dan ganas de fugarse a ver fiordos… De momento, por aquí seguiremos aprendiendo curiosidades del lenguaje y estaremos al acecho para cazar erratas y errores de ortografía y gramática por doquier. En esos momentos… ¡correctora al rescate!

El «ranking» de los anglicismos en los medios


El inglés ha inundado nuestro día a día. Subimos stories para ganar likes mientras nos comemos un muffin (antes conocido como magdalena) en un coffee shop. Pues los medios económicos no iban a ser menos, y tienen anglicismos sin los que parecen no poder vivir. Incluso mal escritos. ¡Correctora al rescate!

¿Cómo se marcan los extranjerismos?

En español señalamos los extranjerismos, las palabras que no pertenecen a nuestro idioma y que no están adaptadas a él, escribiéndolos en cursiva. Si no fuera posible, entre comillas, como en el titular de este artículo. Se hace para avisar al lector de que es posible que esa palabra no se lea tal cual está escrita, sino con la pronunciación del idioma de origen.

Por supuesto, hay extranjerismos que hemos incorporado y que ya forman parte de nuestro vocabulario. Pero, para llegar a ese punto, hay que adaptar su escritura. Si las palabras originales tienen alguna letra o grupo de letras que resultan ajenos al español, estas se adaptan a nuestro sistema fonológico y ortográfico. Básicamente, las adaptamos para que se escriban tal y como se pronuncian. Ya nadie escribiría spaguetti (italiano) pudiendo escribir espagueti, o yogourt (francés) en lugar de yogur.

Los anglicismos económicos más cotizados

Aunque no sea algo exclusivo del mundo económico, había que dejar un hueco para uno de los anglicismos más torturados en los medios: ranking. El pobre sufre de todo: le ponen tilde para intentar colarlo como español (*ránking) o no lo marcan como palabra extranjera. La terminación -ing no es propia del español, por lo que ranking, aunque se pronuncie como se escribe, no está adaptado a nuestra ortografía.

Anglicismos "ranking" (escrito *ránking) y "retail". Expansión.
Un ejemplo de Expansión con un teletipo de Europa Press. El híbrido incorrecto *ránking convive con el anglicismo retail, ese sí bien marcado.
Ejemplo de "ranking" sin marcar como extranjerismo. La Información.
Aquí, ranking no se marca de ninguna manera. Esta vez, en La Información.

Dicho esto, vamos con algunos de los anglicismos más usados en la economía. Por supuesto, en forma de ranking. Hay muchos más, pero estos son algunos de los que más hondo han calado. Y no siempre marcados con su cursiva o sus comillas:

1. Rating

Significa lo mismo que calificación o, para ser más específicos, ‘nota de solvencia’ (de una empresa, de un país…). Los medios prefieren el anglicismo rating porque es una palabra más corta, pero no porque no exista un término español. En el periodismo cada letra cuenta, así que ha ganado adeptos rápidamente.

Ejemplo de El País de un titular en el que se usa "rating" y se marca como extranjerismo.
En El País marcaron rating entre comillas simples. Aunque con el espacio en blanco que queda, habría cabido calificación.

2. Broker

Según el Diccionario de la lengua española (DLE), significa ‘agente intermediario en operaciones financieras o comerciales que percibe una comisión por su intervención’. Existe una forma para escribirlo en español, bróker, pronunciado tal cual se escribe, con una o. Si se pone sin la tilde, debe marcarse como todos los extranjerismos.

Ejemplo de El Mundo para "brokers", marcado como extranjerismo.
Otro ejemplo de El Mundo y, de nuevo, entre comillas simples. Podría marcarse también en cursiva o comillas dobles («» o «»).

3. CEO

Son las siglas en inglés de Chief Executive Officer. En español, consejero delegado. De nuevo, el espacio es la explicación para que haya triunfado tanto este cargo. ¡Anda que no se ahorra hueco escribiendo tres letras en lugar de consejero delegado! Por cierto, las siglas no se ponen en cursiva aunque abrevien expresiones en otro idioma.

Ejemplo de Funds People. Los prefijos unidos a palabras en mayúscula se separan con guion (ex-CEO).
Un ejemplo de Funds People. En este caso el error está en el prefijo, pues debería ser ex-CEO.

4. ETF

Las siglas de Exchange-Traded Fund. Se traducen como fondos cotizados. A grandes rasgos, los ETF son fondos de inversión que cotizan en bolsa. Y, una vez más, sus tres letras han ganado por goleada a las quince de fondos cotizados.

Ejemplo de ETF en un titular de Funds People.
Titular de Funds People.

5. Profit warning

En español podemos traducirlo como advertencia de beneficios. Es un aviso que hace una empresa cotizada cuando cree que algo va a impactar en sus ganancias. Prácticamente nadie usa el término en español, pero no creas que se acuerdan por eso de hay que marcarlo como extranjerismo…

Ejemplo de anglicismo "profit warning" en Bolsamanía, sin marcar como extranjerismo.
En este ejemplo de Bolsamanía, no se destaca profit warning de ninguna forma.

La rapidez es la reina

La conclusión final de este repaso a los medios de comunicación es muy sencilla: cuanto más corto, mejor. En plena era digital no hay que perder un segundo en escribir palabras de más. La rapidez es la reina y el inglés, el rey.

Como periodista, no puedo negar que, en el caso de algunos términos, son más cortos en inglés y los lectores especializados suelen entenderlos igual o mejor que los españoles. Pero entre tantos anglicismos se nos ha olvidado un gran papel de los medios: somos un importante escaparate de la lengua, y la velocidad nunca puede estar por encima de eso.