¿Por qué el alfabeto termina con la 𝘡?


Todos nos sabemos de memoria el alfabeto (A, B, C, D, E, F, GX, Y, Z). Lo hemos recitado mil veces y aún muchos lo repasamos mentalmente cuando queremos encontrar una palabra en el diccionario. Pero ¿por qué estas 27 letras se sitúan en ese orden y no en otro? ¡Correctora al rescate!

El español utiliza el alfabeto latino, al que se le han añadido algunas letras que no existían en él. El abecedario de los romanos desciende del griego, aunque no de forma directa, sino a través del alfabeto de los etruscos.

Para saber un poco más del orden de las letras, hay que remontarse muy atrás en el tiempo, hasta darnos de bruces con los romanos. En concreto, nos vamos en torno al siglo iv a. C.

El alfabeto hasta el siglo iii a. C.

Los romanos utilizaban un alfabeto formado por 21 letras, cuyo orden y composición se ha modificado ligeramente hasta ahora.

Entonces, el latín utilizaba la letra C para el fonema /g/ (virco se leía como virgo). Además, con el tiempo la letra Z dejó de ser útil, porque desapareció en latín el sonido que representaba. El resultado fue que eliminaron la letra Z y, en su lugar, crearon una nueva: la G. De esta forma, la G pasó a ocupar el sitio de la Z, entre la F y la H, donde se sitúa actualmente.

Después del siglo iii a. C. 

Tras el cambio de la G por la Z, a partir del siglo iii a. C., el alfabeto latino quedó constituido por estas 21 letras:

Alfabeto latino tras el cambio de la Z por la G.

El alfabeto tras la conquista de Grecia

Roma conquistó Grecia a mediados del siglo ii a. C. Tras esto, se incrementó la influencia cultural griega en el mundo romano y, con ello, se incorporaron muchas palabras de origen griego. Para escribir algunas, hubo que añadir nuevas letras al alfabeto. De este modo, se unió la Y y se recuperó la Z. Pero, esta vez, ambas letras se colocaron al final.

A partir del siglo i a. C., y durante muchos siglos, el latín y el posterior español tuvieron un alfabeto de 23 letras.

Alfabeto latino tras la incorporación de la Y y la Z.

Las letras propias del alfabeto español

Con el paso de los años, los hablantes de español tuvieron que ir modificando el uso de algunas letras. Y, en algunos casos, añadir otras. De esta forma, el alfabeto actual, de 27 letras, tiene cuatro que no existían en el latino: la U, la J, la Ñ y la W.

La U y la J. Ambas letras eran variantes de otras ya existentes en latín: la V y la I, respectivamente. De hecho, se usaron como variantes también en el español. Con el paso de los siglos, ambas letras se fueron especializando hasta que, en los siglos xvi y xvii, la U y la I se dejaron solo para sonidos vocálicos, y la V y la J, para consonánticos. Una vez que fueron totalmente autónomas, se colocaron junto a las letras de las que derivaron: la U junto a la V, y la J junto a la I, siempre la vocal antes que la consonante.

La Ñ. Procede de la abreviatura usada en la Edad Media del dígrafo nn. Representa un sonido creado ya por el español que en latín no existía. Se colocó en el alfabeto junto a la letra de la que deriva, la N.

La W. Entró oficialmente en la ortografía en 1969. Se creó por duplicación de la V para representar ciertos sonidos propios de lenguas germánicas. Al principio, solo se usaba para escribir extranjerismos crudos, y al adaptar esas palabras se prefería hacerlo con otras letras (como la G). Igualmente, se incorporó al alfabeto al lado de la letra de la que deriva: la V.

Alfabeto actual del español.

Historia de la ortografía

A grandes rasgos, esta es una breve historia del alfabeto español. Y el porqué del lugar de cada letra. Pero ¿qué pasa con la LL y la CH? ¿No son letras? Otra duda más que habrá que resolver.

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